martes, 13 de noviembre de 2018

LAS PRIMERAS LLUVIAS QUE LLEGAN AL DESIERTO DE ATACAMA DEBASTAN SU ECOSISTEMA Y LO COMPARAN CON LO QUE PUDO OCURRIR EN MARTE


El desierto chileno, el más seco y antiguo de la Tierra, tuvo las primeras lluvias de las que se tuviera constancia en 500 años. Las precipitaciones mataron el 85% de sus especies microbianas, según la investigación de un equipo internacional liderado por científicos españoles del Centro de Astrobiología.





Cuando la lluvia se convierte en problema


En enero de este mismo año un equipo internacional de investigadores publicaba en PNAS un estudio en el que se analizaban los efectos de la lluvia sobre una región del desierto de Atacama en la que las lluvias a veces se suceden con varias décadas de separación.





En este caso, tras un periodo de lluvias, comprobaron cómo se producía un intenso florecimiento de la población microbiana de la región. La razón, según las conclusiones de los autores, era que muchos de estos microbios habían permanecido en un estado de adormecimiento, hasta que las condiciones se habían vuelto favorables para su proliferación. Entre los autores de aquel estudio se encontraban Daniel Carrizo y Víctor Parro, dos de los científicos españoles que firman este nuevo trabajo publicado hoy. Sin embargo, en este caso las conclusiones son muy diferentes.Las precipitaciones que dieron lugar a cambios en la diversidad microbiana podían ser resultado del cambio climático global

Para la realización de este último estudio los investigadores viajaron hasta el corazón del desierto chileno, después de que tuvieran lugar una serie de precipitaciones muy poco habituales en esta región. "Por lo general, cuando más llueve en Chile las precipitaciones se dan al pie de los Andes", explica a Hipertextual Armando Azua-Bustos, primer autor del estudio. "Lo curioso es que en este caso las precipitaciones se dieron más al norte y con motivo de una masa cargada de humedad procedente del océano Pacífico". La procedencia de la lluvia y la intensidad con la que tuvo lugar suponía un fenómeno que no se encuentra en los registros y que, según los cálculos de los expertos, podría darse solo una vez cada cien años. Esto, según cuenta Azua, podría ser un efecto resultante del cambio climático global.

Estas lluvias terminaron formando lagunas saladas sobre la superficie del desierto, muy rica en nitratos, sulfatos y percloratos. Al analizar las condiciones geoquímicas y microbiológicas después de este inesperado fenómeno climatológico, descubrieron que se había producido una gran devastación de las poblaciones microbianas. El motivo de esta debacle, según los autores del estudio, es que eran especies muy adaptadas a la sequedad, por lo que no pudieron soportar el exceso de agua que vino después de las lluvias. Concretamente, según las declaraciones de Azua a este medio, solo cuatro de las dieciséis especies que se encontraban en el terreno antes de las precipitaciones pudieron detectarse después de las lluvias. Esto podría explicar la diferencia con otros estudios, que sí encontraron gran cantidad de vida microbiana después de las precipitaciones, ya que puede haber una alta concentración de microorganismos, pero podrían proceder solo de una o unas pocas especies que sí hayan conseguido adaptarse a cambios bruscos en las condiciones climatológicas, a través de mecanismos como el adormecimiento en periodos poco favorables.